14.5.15

[33] Letras y Bytes. Escritura y nuevas tecnologías

Acaba de aparecer publicada la obra Letras y Bytes. Escritura y nuevas tecnologías en Edition Reichenberger dentro de la colección Problemata Literaria (77).

Editan Francisca Noguerol, María Ángeles Pérez López y Vega Sánchez Aparicio.

Un lujo estar aquí.

ÍNDICE

Letras y bytes: escrituras y nuevas tecnologías aboga, desde su título, por establecer puentes entre las reflexiones que abordan el apasionante mundo de la literatura en su relación con las nuevas tecnologías, tan mal entendido como, en bastantes ocasiones, pobremente considerado. Se pretende contribuir a paliar este desconocimiento a partir de catorce ensayos que, desde las más diversas perspectivas epistemológicas –filosofía de la ciencia, sociocrítica, estética de la recepción, teoría de los géneros, crítica literaria y artística– entran en diálogo para transitar territorios tan actuales como ricos en sugerencias. Ahondamos, así, en los enfoques que mejor explican las narrativas de nuestro tiempo en su relación con el mundo digital, y que aúnan desde producciones en papel –deudoras de la tecnoestética– a textualidades electrónicas –blogonovela, tuiteratura– o nuevos objetos artísticos derivados de la videoescritura –es el caso de la jam literaria, el spoken word o el book tráiler, para los que ni siquiera contamos con términos definitorios en español. Se asume, por ello, el hiperónimo de “escrituras” para todas estas producciones en las que confluyen letras y bytes, y que, como se comprobará a lo largo de estas páginas, han recalado en el mundo hispánico con enorme fuerza.




SUMARIO

Francisca Noguerol: Prólogo — Vega Sánchez Aparicio: Ilustración con nube conceptual

1. Conceptos
Fernando Broncano: El tiempo perdido de/en los archivos — Vicente Luis Mora: El arte conceptual en la narrativa española contemporánea


2. Ágora 2.0
María José Bruña Bragado: Hacia otros modos de circulación de la cultura: Blogosfera, modernidad tardía, hispanismo y fenómeno transatlántico — Jara Calles: Literatura y nuevas tecnologías. Blogs, redes sociales y cultura de nuestro tiempo — Carmen Rodríguez Martín: Sujetos y objetos de una nueva estética de la creación (verbal): el blog en el campo cultural contemporáneo. El caso boomeran(g) — Gabriela Valenzuela Navarrete: ¿La novela ha muerto? ¿Viva el blog?

3. Subjetividades
Daniel Escandell Montiel: Alteridad y avatar: la red de egos telemáticos en la autoría digital — Jesús Montoya Juárez: Subjetividades posthumanas y arqueologías del presente en la última narrativa en español — Manuel Guedán Vidal: Las nuevas tecnologías en la literatura latinoamericana actual: orden, registro y temporalidad del espacio íntimo

4. Textualidades electrónicas
Paulo Antonio Gatica Cote: Cuando Twitter encontró el aforismo: nuevas inquisiciones en el debate de los géneros literarios — Vega Sánchez Aparicio: Narrativas en cristal líquido: cinco apuntes de la videoescritura

5. Obras
Ángel Esteban y Yannelys Aparicio: Pretecnología en tiempos tecnológicos: Rumba Palace de Miguel Mejides — Mª Ángeles Pérez López: Literatura en la edad tecnológica: Belén Gache y la ‘utopografía digital’ — Luisa Miñana: Proyecto Pop-pins, povera Network artefacto



29.4.15

[32] Todo está ardiendo, y encima el calor es colega

En El Cuaderno 66, sobre Arde el sol sin tiempo de Manuel Vilas, en edición crítica de Cristina Gutiérrez Valencia.


[...] una cartografía cronológica y emocional cuyo principal acierto radica en haber sabido mostrar (y esto, a pesar de la complejidad de una tarea de tal envergadura) los diferentes estadios de escritura, intereses y maduración de una instancia literaria que ha terminado por convertirse en una de las voces más solventes y singulares del panorama literario nacional. Tanto es así, que en el prólogo a la obra, Cristina Gutiérrez habla de  un “descubrimiento” en relación al proceso de liberación mediante el cual Manuel Vilas habría ido tomando conciencia de su propia voz y de cómo ese aspecto estaba convirtiéndose en uno de los signos de identidad de su escritura. Una génesis posible que el autor, en el epílogo a la obra, sitúa en torno al año 2000. El momento en que él mismo asegura haberse adentrado en una ceremonia literaria que dura hasta estos días, donde además de su propia identidad y existencia, se exalta la vida literaria de sus alter ego: todos los pliegues de una personalidad poliédrica y emancipada, que Cristina Gutiérrez presenta como una “autoficción multiplicada”.

“También pensé que probablemente ya yo no voy a ser un hombre demasiado libre. Entonces me dije: que sea libre tu novela y tú dentro de ella. Yo creo que esa es la razón de que en mi novela salga con mucha frecuencia un tipo que se llama Manuel Vilas. Me hubiera gustado ser tanta gente. Me hubiera gustado ser el Presidente de los Estados Unidos, me hubiera gustado ser el Che Guevara, me hubiera gustado ser Greta Garbo. Me duele ser sólo uno” (pág. 133).


Para más escritura en armas contra el aburrimiento, Visualmaniac y EdUVa, Ediciones Universidad de Valladolid.


6.3.14

[31] Presentación de "amor.txt" de David Refoyo


Conocimos todos los conectores y clavijas del
     mercado:
televisores, ordenadores y cámaras de vídeo
donde rodábamos un making of permanente 
y casual.

No supimos leer entre líneas,
pero sí cómo conectar el cable amarillo
para formar parte del plasma y sentirnos dentro
//in.

[...]

Un mundo sin imágenes no nos corresponde,
obviamos la Biblia y los negocios familiares,
la Palabra y las drogas de diseño,
las bibliotecas y las cabinas telefónicas.

Cargamos con la noche y cruzamos los valles.

                                                    David Refoyo, 2014

31.1.14

[30] Nueva narrativa española


Acaba de aparecer este volumen dedicado a la narrativa española contemporánea. Un trabajo a cargo de Marco Kunz y Sonia Gómez (eds.).

Participo con un artículo sobre uno de los aspectos que más me ha interesado en los últimos años, el de listado.
Las obras en las que me detengo en este caso son Carne de Píxel de Agustín Fernández Mallo, Todo lleva carne de Peio H. Riaño y Alma de Javier Moreno.

Bajo la firma de otros colaboradores se encuentran textos dedicados a la obra de Vicente Luis Mora, Manuel Vilas, Jorge Carrión, Agustín Fernández mallo, Javier Moreno, Robert Juan-Cantavella, Juan Goytisolo e Isaac Rosa.

Está bien que de vez en cuando aparezcan libros así.


Más info. aquí:
http://linkgua-digital.com/libros/contemporaneos/nueva-narrativa-espanola/


17.9.13

[29] Autoedición, ese otro modelo de mercado

 
De un tiempo a esta parte, la autoedición se ha ido confirmando como un movimiento editorial (y una elección) capaz de reordenar los presupuestos tradicionales sobre creación, edición, distribución y venta de las obras, por lo menos, según el modelo principal de negocio hasta ahora. En este sentido, con la autoedición estaría pasando lo mismo que en otros espacios de creación contemporánea, donde lo que un día comenzó revisándose como una pose, un divertimento juvenil o un gesto alternativo, hoy estaría cobrando valor en sí mismo, quizá por formar parte de un fenómeno sociológico que ya no tiene tanto de tendencia. Me refiero a la cultura del uso, basada en unas nociones modernizadas de autogestión y artesanía, donde la recuperación de los modelos tradicionales permite a su vez recuperar lo literario a través de su propio tiempo. Es decir, sin competir con los avances de la tecnología, que suman y se complementan a favor. 
Es posible, por tanto, que en la base de todo ello esté la necesidad de generar un espacio de visibilidad y discusión para un modo diferente de entender la creación y el proceso de acceso a la propia obra. Porque lo interesante ahora no es tanto que exista esta posibilidad (en esencia, una alternativa; siempre ha habido y habrá autoedición), sino el hecho de que se vuelva más visible y pueda llevarse a cabo en mejores condiciones. Y esto, hasta el punto de que es a través de sus distintas soluciones, las propias prácticas, como se pueden pensar hoy las posibles formas de regeneración de un modelo de mercado, ahora mismo entre las cuerdas. 
No parece, entonces, que sea un mal momento para la autoedición, aunque aún convenga superar ciertos clichés, que por repetición han limitado la adquisición de un criterio transversal y poliédrico de  este fenómeno. Me refiero al vanity publishing, pero también a la idea de la autoedición como la última opción a la hora de darle salida a una obra, porque habría otras versiones, más interesantes, como son las de los autores (consagrados y no) que optan por esta fórmula conscientemente, también atraídos por su descarga estética. En estos casos, lejos de ser un lastre para las prácticas, la autoedición se convierte en valor en alza, en un aspecto que puede dotar de coherencia a las prácticas, al tiempo que permite un desarrollo de las mismas al margen de las expectativas de mercado. Dicho de otra forma, la autoedición se traduce en independencia y libertad creativa y, por tanto, en sello de identidad: esa singularidad que en ocasiones logra hacer de lo interesante otra forma de calidad. 
Ahora bien, por sí misma la autoedición no parece ofrecer más garantías (tampoco menos) que un sello editorial al uso, pero sí permite, en cambio, una experiencia más orgánica de la escritura (especialmente, en papel y derivados), que aporta así a los textos no sólo textualidad, sino textura. Quizá por eso resulta complicado delimitar la naturaleza de estas prácticas (¿cuáles son ahora los límites de un género como el fanzine?), del mismo modo que ocurre con su utilidad y uso. ¿Es la autoedición un reducto punk, un subterfugio de creación? Sí y no, porque propuestas hay para todo. Pero lo que sí es cierto, y esto es quizá una novedad, es que en su mayoría son prácticas a menudo ligadas a un sentimiento de nostalgia que, curiosamente, es el que determina el ámbito de credibilidad de estas propuestas, crucial en esta época.
Así lo ha explicado Eloy Fernández Porta, quien apunta un viraje en las formas actuales de creación contemporánea, donde “el estilo es un código sentimental […] una posición ética y estética que se integra en la reevaluación del low tech como estilo de la Verdad” (Fernández Porta). El modo, en definitiva, en que la autoedición le gana hoy el pulso a su propia época.  
 
______________________
1. Fernández Porta, Eloy (2012), Emociónese así. Anagrama, Barcelona.

 

14.11.12

[28] Apuntes para el fin del mundo #fanzine

El Colectivo interdisciplinar Mujeres con Pajarita acaba de editar este fanzine.
El número 2 de su proyecto zine, bajo el título "Apuntes para el fin del mundo".

Colaboramos

Cristina Daura, Azucena, Jara, (Susana), Zoe, Elisa MaCausland, Mireia Pérez, Jara Calles, Ge Austenette y La Austenette, Marisol Salanova, Joni Marriot, Elena Duque, Misspaq, Blanca Galindo, Gemma Quevedo, Cendrine, Luna MiguelLaura San Román,  Belleza Colon, Leland Palmer, Lola Lasurt,  Andrea Galaxina (Bombas para desayunar), Leire López (Kafe eta galletak), Silvia NanclaresMaría Castelló

 

El fanzine tiene, además, una lista de reproducción con LAS CANCIONES para el fin del mundo. 

 

Lo presentan el sábado 17 de Noviembre en Madrid, en Tupperware

 

12.10.12

[27] Espacio (y tiempos) de escritura

También en Siglo XXI, Tiempo de Vicente Luis Mora

4/ Transitar y leer los espacios

Teniendo en cuenta la trayectoria creativa de Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970), podría decirse que uno de los rasgos más apreciables de su escritura consiste en haber adoptado como auto-exigencia la misma singularidad y compromiso estético que habría demandado en otros autores, ya fuera en calidad de lector, teórico o crítico literario. A este respecto, en su obra destaca un claro interés por pergeñar nuevos espacios constructivos, pero esto sin perder el contacto con la tradición, atisbando formas renovadas de escritura mediante la reflexión en torno a formatos, géneros y estructuras ya existentes. Quizá por ello, en sus obras conviven elementos adscritos a lo que puede entenderse como una genealogía cultural singular y propia, situada entre la tradición y distintas formas de vanguardia, que en su conjunción supone un paso inevitable a la hora de investigar, mediante la creación, las condiciones actuales de escritura. 

Un claro ejemplo de esto mismo podría encontrarse en Tiempo, cuya localización temática descansa sobre la insostenible oposición de dos categorías como las de “espacio” y “tiempo”, en relación a su tratamiento y asimilación en el territorio de la escritura literaria. Como enclave epistemológico de herencia reciente, esta tesitura habría propiciado no pocos cambios estéticos y perceptivos, puesto que su injerencia también situaría a los autores en una posición distinta respecto al acto mismo de creación. Sin embargo, en estos momentos también interesaría considerar la complejidad que soportan ambas categorías, dados los cambios ocurridos en una época como ésta, así como su influencia en la consideración de un espacio y otro (ya sea por el desarrollo de la tecnología, la mutación sociocultural o la consiguiente emergencia de experiencias diferentes de temporalidad y espacialidad unidas a ello). Como apunta el propio Vicente Luis Mora en un ensayo reciente, lo relevante ante estas cuestiones es el matiz que incorpora una coyuntura social de este tipo, puesto que las circunstancias sociológicas que rodean a los autores contemporáneos no tendrían ya que ver con las que protagonizaron épocas anteriores, por mucho que la preocupación por este tipo de cuestiones haya sido constante a lo largo de la tradición literaria y artística. 

En este sentido, han cambiado las circunstancias históricas, pero también los contextos culturales y sociales, lo cual supone un giro perceptivo difícil de eludir, al menos en términos creativos. Así podría contemplarse en esta obra, donde puede percibirse un claro interés por la forma en que dichas categorías pueden incorporarse a la experiencia de escritura, en este caso poética, explorando las nociones de espacialidad y duración, en tanto valor semántico y dimensión discursiva susceptible de revisión y reconstrucción. 

De este modo, aunque en Tiempo puede intuirse una posible reafirmación de aquella vieja dicotomía, dado el título de la obra, en realidad sucedería todo lo contrario, si se piensa que el discurso se despeja en todo momento como el resultado de una reflexión sobre el espacio, pero mediante una interrogación al tiempo. Es así como parecen unificarse los criterios de percepción que operan en esta obra, cuyo discurso puede resultar muy próximo al que ya mostraron dos obras claves en la trayectoria poética del autor, aunque por diferentes motivos. Éstas serían la obra Construcción (Pre-Textos, 2005), del mismo Vicente Luis Mora, más Un Coup de Dés (1897) de Stéphane Mallarmé, como textos en los que pueden encontrarse direcciones comunes de interés y que, por lo mismo, plantean la posibilidad de apreciar Tiempo como un correlato de aquellos dos textos, a pesar del claro contrapunto que establece respecto a ellos. 

Como cabe suponer, a esta conclusión se accede mediante el seguimiento estructural de la obra, puesto que los presupuestos de construcción resultarían similares desde un punto de vista formal, pese a no ser los mismos. Mientras en Construcción se llevaba a cabo una mostración espacial del texto, por la conjunción de distintos fragmentos textuales, en Tiempo se desarrolla una poética del espacio, como reflexión espacial acometida desde la categoría que da nombre a la obra, y que lleva a considerar y gestionar el espacio según su significación; esto es, asumiéndolo como intersticio poético y lugar de tránsito necesario para la lectura. Así, aunque la idea aparece abordara en ambos textos, sería en Tiempo donde parece resolverse de forma más concreta y explícita, al explorar en sentido estricto la equivalencia entre los espacios en blanco y la palabra. Dicho de otra forma, si Construcción planteaba la escritura como un “arte de dejar espacios” (Mora, 2005: 55), en Tiempo, según el planteamiento estructural del discurso, ya no se operaría a partir de fragmentos textuales, sino a partir de la gestión intersticial de los espacios en blanco. 

La clave de esta diferencia, que resulta sustancial en cuanto al contrapunto que establece entre un modelo y otro de creación, descansa en el carácter de los espacios en blanco; no por el intervalo que suponen, sino por la significación de los mismos, esto es, por la necesidad que se prevé en el texto de transitar y leer esos espacios del mismo modo que se transitan y se leen las palabras escritas. Lo que se plantea, entonces, es el acceso a una sensación de vivacidad en la escritura, que podría visualizarse a través del símil de la imagen de un vacío, como una grieta, en estado de apertura. Por lo mismo, en esta obra se aprecia un ejercicio de recuperación del espacio hecho página, pero también una recuperación de la página en tanto espacio. En este sentido, no parece que importen tanto las divisiones poéticas como la sucesión textual entre unos espacios y otros, aquellos en blanco, en los que además se encuentra instalado buena parte del ritmo de la obra (que es tiempo y espacio), visible formalmente en el texto como pauta de escritura. 

Por otro lado, y como ya se ha dicho, este aspecto llevaría a vincular este discurso con la línea ya iniciada y propuesta por Mallarmé en Un Coup de Dés, si bien en este caso ampliando el horizonte de intensión textual, justamente a través de la superación de la idea de fragmento. De este modo, cuando a partir de Mallarmé se volvía factible un primer giro hacia lo visual en relación a la textualidad de la página (lo que en la actualidad se ha revisado en términos de diseño y configuración textual), Vicente Luis Mora habría elegido alcanzar un nivel diferente respecto a la proyección de esa tendencia, presentando un  tratamiento de las páginas que haría de las mismas un espacio no sólo para ser leído, sino también para ser visto y recorrido como unidad.

Tanto sería así, que Tiempo funciona como la presentación de una entidad espaciotemporal, como duración y espacialidad discursiva, que tiene lugar al asumir el discurso como un ciclo de expresión que se abre, se cierra y se pliega sobre sí mismo.

En tu mano izquierda,
lector,
un tomo cada vez más grueso
de páginas:
es el tiempo (Mora, 76).


Es así como se procede al cierre de un espacio concreto de tiempo, pero también (por el paso de las hojas) del espacio físico del libro, que a su vez supone el cierre de un proceso de lectura. Se trata, por tanto, de una imagen o trayecto cíclico que le sirve al autor para ilustrar el paso de lo conceptual a lo fisiológico a través del texto, superando de este modo el arquetipo mallarmiano a partir de una experiencia de lectura y de escritura basada en formas distintas de duración, convertida de este modo en acto concreto. Es ahí donde puede atisbarse el tributo que Tiempo rinde a la valiosa herencia de Mallarmé, aunque en realidad se esté mostrando un tipo de textualidad visual que ya no funciona como complemento del discurso, sino como materia estructural del mismo.

Así lo confirman los insertos de imágenes que se encuentran en la obra, y que aparecen igualados a la palabra, como ya se dijo que ocurría con los espacios en blanco, explorados en calidad de constructo y medio poético. Lo que se percibe, entonces, es una visión distinta de la idea de negación (vacío / desierto / hoja en blanco), ahora entendida como espacio pleno.

Esta sería la metáfora vital que se explora en el discurso, sobre todo cuando asume la vida como unidad aún por realizar (aquello que resta todavía) y, por tanto, como posibilidad y punto del que partir. Que en esta obra se igualen espacios como los de “libro”, “desierto” y “vida” se debe principalmente a que todos ellos son percibidos como entidades construidas a partir de intersticios y espacios de apertura, pero sobre todo como proyectos vitales puestos entre paréntesis.

Por esa imbricación total de espacio y tiempo cobra especial relevancia el sentido de contingencia que se adquiere ante la contemplación del desierto (White Sands, en este caso), que es prueba de lo inhóspito natural, sobre todo por la muestra de fungibilidad vital y deterioro, que lleva a contemplar la propia finitud. Como cabe suponer, es ahí donde surge la emoción que se desprende (articulada) de estas páginas, si se considera que la vinculación entre vida y desierto permite, aunque sea bajo fórmula literaria, poner la vida entre las cuerdas y, con ello, desarrollar el relato de una experiencia vital traducida mediante el proceso de escritura (y lectura) de la obra, también como acto en sí mismo tempo-espacial.

Por todo ello, Tiempo puede apreciarse como un ejercicio de excoriación, que pasa asimismo por la revisión y la reactivación del espacio (y los tiempos) de escritura. Pues serían los dos pasos inevitables para salvar el éxito insólito que se intuye al cierre de la obra, como es salir ileso de la contemplación de eso inhóspito natural, también vital, obteniendo de ello una experiencia de plenitud.

Se llama desierto.
Me saca el resto
al exterior
y quedo hueco,
feliz  (Mora, 25).