22.5.10

[10] En Revista Espéculo: Posición en el Espacio

Acabo de publicar en Espéculo este artículo sobre la teoría postpoética de Agustín Fernández Mallo. Una propuesta hermenéutica a partir del film Stop Making Sense y la poética de la Bauhaus.

Copio un fragmento
Aquí todo el artículo


Trailer. Stop making sense




1. “Hi, I have a tape I want to play”

Con estas palabras comenzaba uno de los conciertos más importantes de la historia musical de nuestra época. El show Stop making sense interpretado por Talking Heads, una de las bandas más significativas de la new wave rock music que emergió durante los años setenta y ochenta del siglo pasado. Para situarnos, la banda se formó a mediados de los setenta con David Byrne a la cabeza, Tina Weymouth y Chris Frantz. Los tres eran alumnos y compañeros de estudios en la Rhode Island School of Design (RISD), en Estados Unidos, donde también se formaron algunos de los creativos más singulares de la actualidad, como son Gus Van Sant, Seth Macfarlane, o Shepard Fairey. Si esto ocurría en 1975, un año después se unía a la formación Jerry Harrison, miembro fundador de otra mítica banda, The modern lovers.


Como podemos suponer, la época de estudios en la RISD los mantuvo en contacto con algunas de las propuestas estéticas más vanguardistas de la época, cuyas influencias pueden rastrearse tanto en sus trabajos de estudio como en los directos de la banda, pero muy especialmente en el diseño, la edición y el montaje de esta rock movie que, sin lugar a dudas, constituye la puesta en escena de una poética.


“Why stop making sense? Why a movie? Why a big suit? Where do the odd movements come from? What will the band do next? Stop making sense”


Tanto es así, que lo que se pretendió con este proyecto fue plasmar aquello a lo que normalmente uno no tiene acceso, pero sí intuye, a través de los trabajos del grupo, que por aquel entonces ya contaba con una exitosa trayectoria que iba desde el discreto Talking Heads `77 al Remain in light de 1980, el último trabajo en el que colaboraría Brian Eno como productor, vinculado a la banda desde 1978. Si tenemos esto en cuenta, son varios los factores que convergen y garantizan, en cierto modo, la pulsión estética que apuntamos; por un lado la formación y preocupación artística de los componentes del grupo y, por otro, la clara influencia de la sensibilidad musical de Brian Eno, uno de los músicos y compositores más importantes de estos últimos tiempos, cercano a las direcciones experimentales de John Cage o el Movimiento Fluxus, tal y como comprobamos en Music for airports (1978) o Empty landscapes (1981), dos de sus trabajos en solitario, pero también en sus colaboraciones no ya con Talking Heads, sino también en su formación Roxy Music o en sus trabajos con artistas como David Bowie o el propio David Byrne. Porque la afinidad de Eno con Talking Heads, pero sobre todo con David Byrne, es indiscutible; de hecho, desde su incorporación a la banda como productor, el giro estético de los álbumes sucesivos fue cada vez más decisivo. De forma que esto supuso el inicio de una nueva etapa en la carrera creativa de Talking Heads, cuyos comienzos fueron discretos, pese a que con el tiempo serían justamente esas primeras composiciones las que pasarían a convertirse en temas fundamentales (y generacionales; pensemos en Psycho Killer) de nuestra herencia musical más reciente.

Talking Heads. Psycho Killer



En este sentido, el film Stop making sense (Jonathan Demme, 1984) supuso la concreción de una intensa trayectoria de creación musical y audio-visual (con videoclips tan memorables como Once in a lifetime, Road to nowhere o And she was) que vino a confirmarse con toda una serie de reconocimientos y premios de prestigio. Como no podría ser de otra forma dado el contexto artístico de la banda, el alcance de este proyecto fílmico fue tan importante que de algún modo los documentales musicales no volverían a ser lo mismo a partir de entonces. Hay que pensar que Stop making sense ha pasado a la historia como uno de los mejores conciertos que se hayan registrado en este género. Según Wikipedia [1], “la primera película de sonido completamente digital de toda la historia”, aunque quizá lo más importante fuera la particular actitud que se manifestó a lo largo de esos conciertos (cuatro sesiones en el Patanges Theatre de Hollywood), hasta el punto de ser comprendidos más como aclaración (y declaración) estética que como simples conciertos. No es casualidad, pero mucho menos simple esteticismo, que se cuidaran tanto la puesta escena y los detalles. Profundizando en el trabajo, son significativas las alusiones fílmicas (Kubrick con Dr. Strangelove, tal y como vemos en el trailer, que sigue su mismo patrón, o Godard y la escena final de Breathless con Belmondo desfalleciendo, recreado ahora por Byrne en los punteos finales de Pyscho killer, el tema de apertura de Stop...). Pero también los planos utilizados, el protagonismo del público (muy atenuado, pese a ser una representación abierta) y la disposición y recreación de los espacios de la escena (desde los bastidores, donde se situaron los coros) hasta el vaciado decorativo y el tránsito de los operarios, que iban transformando el montaje del escenario según se iba desarrollando el evento; otra work in progress llevada en este caso a la puesta en escena del grupo. Del mismo modo que tuvo lugar la incorporación de la propia banda al escenario, que fue siguiendo un orden marcado por su participación en las canciones que aparecían en los track list. Así, fue David Byrne quien apareció primero en escena, con una guitarra acústica y un radiocassette, dando comienzo al espectáculo con Pyscho killer y estas palabras: Hi, I have a tape I want to play. La ironía se filtraba así a la escena, tal y como ocurriría después con ese traje gigante de ejecutivo (toda una proyección de los usos y modos de la sociedad contemporánea. El tema: Girlfriend is better) y sus movimientos pretendidamente epilépticos.

Se trataba de no facilitar la pérdida de atención para evitar la distracción de la representación (la música, pero también lo visual) que podrían ocasionar los juegos de luces, los efectos, etc. Era un proyecto total, por eso se atenuaron los colores y se cuidó tanto la iluminación, hasta el punto de intervenir los micrófonos con pinturas mate que rechazaran el reflejo de la luz, como hicieron con los apoyos y la supresión de objetos ajenos a la escena (botellas de agua, toallas...etc.). Desde luego, no les interesaba crear un producto tipo, es decir, un producto MTV, que era un género ya entonces establecido, sino crear un producto abrumador en el que fuera difícil la emancipación de los sentidos. Por eso se inyectaba una iluminación en la que predominaban los claroscuros y se evitaban las tomas de audiencia, los planos en picado y las reacciones del público.

[...]

3 comentarios:

Querelle dijo...

guau!

sin palabras

el texto más chulo de crítica
de los últimos tiempos

besos

jara calles dijo...

Gracias, Antonio! me alegra mucho que te haya gustado

Un beso fuerte

Lullu dijo...

Hola Jara, he leído tu texto en el blog de Agustín Fernández Mallo, y estoy realmente impresionada con tu disección, o composición, o como tú prefieras llamarlo. Creo que volveré más detenidamente sobre él. Y de paso, ya que he conocido tu blog me quedaré un rato por aquí,

Un saludo