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20.6.20

[43] La Biblioteca de... Carlos Mínguez Carrasco



Durante esta sesión, tuvimos el placer de recibir en la Biblioteca Francisco Ayala del Instituto Cervantes de Estocolmo a Carlos Mínguez Carrasco, arquitecto y curador de arquitectura; actualmente, Senior Curator del Museo Nacional de Arquitectura y Diseño de Suecia (ArkDes).

A lo largo de esta conversación, no solo se habló  de bibliotecas, libros imprescindibles y nuevos fundamentales sino, sobre todo, de una ruta de lectura que terminaba por conectar ciudades de residencia con géneros literarios.

Se mencionaron autores como J.D. Salinger y Federico García Lorca, pero también contemporáneos como Fernando Aramburu, Manuel Vilas, Joan Margarit, Michel Houellebecq, Agota Kristof o Marta Rogals.

Fue especialmente interesante la anécdota relacionada con la obra Torero d´hivern de Miquel Adam,  así como los comentarios sobre obras como Doble exposición de Beatriz Colomina. Los ojos de Rembrandt, de Simon Schama. Francis Bacon: The logic of sensation de Gilles Deleuze o Teoría general de la basura de Agustín Fernández Mallo. 

Carlos Mínguez Carrasco tuvo, además, la amabilidad de compartir con nosotros algunos de los ejemplares más singulares de su colección de catálogos de exposiciones, adelantando a su vez información sobre uno de sus últimos proyectos: Kiruna forever. Un trabajo curatorial que aborda en complejidad la reubicación de Kiruna (una ciudad al norte de Suecia) y que puede visitarse en Estocolmo, en el Museo de Arquitectura y Diseño de Suecia hasta el 7 de Febrero de 2021.




26.2.18

[36] Ensayo, pornografía, sexo y poder

Acaba de publicarse, en Revista Pasavento, mi artículo La pornografía y el dominio de lo pornográfico en el ensayo español [o qué sucede con la tensión entre las nociones de sexo y poder]
Este texto se incluye dentro del monográfico dedicado al discurso pornográfico en las narrativas españolas del siglo XXI, coordinado por Amélie Florenchie y Marta Álvarez. 
Destaco la siguiente información de la introducción al mismo: 
"Abre el dossier el artículo de Jara Calles, quien se interroga sobre la evolución actual del ensayo como género discursivo y sobre la pornografía como objeto de pensamiento. Tras un repaso por los escasos ensayos sobre pornografía que se han escrito desde finales del siglo xx ‒entre los cuales no podía faltar el ya comentado de Román Gubern‒ propone interesarse en ensayos muy recientes que no solo renuevan la escritura del género ensayístico sino también la reflexión sobre la pornografía, proponiendo aproximaciones de tipo filosófico y político muy originales, influenciadas por el feminismo, los estudios de género y queer, especialmente el trabajo de Paul B. Preciado, Gabriela Wiener o Eloy Fernández Porta, así como las tomas de posición de cineastas o actrices del porno español".
Y el abstract:
El objetivo de este estudio es plantear un estado de la cuestión sobre el tratamiento que recibe un tema como el de la pornografía en el ensayo español contemporáneo, teniendo en cuenta que se trata de un tipo de discurso que cada vez tiene más que ver con las relaciones de poder que con el sexo (Braidotti). La pornificación gradual y ascendente de la sociedad, los nuevos formatos y las nuevas voces (en concreto, las femeninas) que han ido interviniendo en la configuración de una visión diferente, normalizada y más compleja de la pornografía, se acogen aquí como elementos de un interesante debate sobre las relaciones entre pornografía, sexualidad, identidad, género y poder. 

Aquí pueden consultarse tanto el artículo como el número completo.




12.10.12

[26] Una óptica diferente, movible

Parte de mi colaboración, junto a Javier García Rodríguez, para la Revista Siglo XXI de Literatura y Cultura Españolas

Entre la postmodernidad y la postpoesía: 9 libros del 2009
Reproducto el apartado 3/ El año que vivimos postpoéticamente

Como se sabe, pese a lo que parecen indicar las cifras de venta editorial, la actividad filosófica en el ámbito nacional resulta una práctica minoritaria, aunque creciente, tal y como habría quedado reflejado en los últimos años a partir de las publicaciones de autores como Vicente Luis Mora, Eloy Fernández Porta, Jorge Carrión, Agustín Fernández Mallo o Jorge Fernández Gonzalo. Una serie de autores cuyas propuestas habrían dado lugar a un espacio renovado de discusión pero, sobre todo, cobertura a una amplia variedad de temas, materias, sujetos y objetos de cultura, que por lo general habían sido situados más allá de lo institucionalmente aceptado.

Sin embargo, esto respondería a un síntoma inaugurado con el cambio de siglo, que habría constatado la dificultad de operar bajo una sola idea de cultura y que, por lo mismo, haría necesario considerar cualquier aspecto del presente, asumiendo para ello la complejidad que conlleva un intervalo histórico como este. Sobre todo porque habría dejado de tener sentido (si lo tuvo en algún momento) emplazarse en disquisiciones teóricas o filosóficas generadas al margen de circunstancias como el estatuto de lo pop y la contracultura, de prácticas como la apropiación, el sampler o el uso de la red, los efectos sociales que ello conlleva, más todos los fenómenos derivados de lo que en la actualidad puede entenderse como tal. Formas que, hasta cierto punto, aportan garantías a la hora de aprehender con interés integrador y flexible las cualidades de una determinada sociedad en un momento concreto de la misma.

De este modo, también los límites de un género como el ensayo, menos abierto a la experimentación formal y discursiva, se habrían visto desplazados e intervenidos en términos creativos (aunque en mayor o menor grado según los autores), como parte de un proyecto de innovación que resulta de afrontar la investigación desde su dimensión creativa. El ensayo se presenta en este punto como un lugar de intervención estética, filosófica y creativa, pero sobre todo como un registro discursivo abierto a la renovación de su arquetipo tradicional. Esto es, un cambio en la escritura de ensayo que ya se habría anticipado años antes, pero que acabaría por instaurarse como línea solvente de producción de pensamiento hacia la segunda mitad de la primera década de este siglo. Puede pensarse, por ejemplo, en la aparición de un texto como Homo sampler (2008) de Eloy Fernández Porta, pero también en una obra como Postpoesía (2009) de Agustín Fernández Mallo, en tanto paradigmas de un cambio cualitativo a estos efectos, que aún se mantiene vigente.

Por otro lado, la recepción de estos textos no suele resultar sencilla, pero no por la dificultad o la complejidad de los mismos, sino en concreto por el salto cualitativo que ponen de manifiesto, que representa las circunstancias de un viraje estético amplio y significativo, por estructural. Un buen ejemplo de esta situación podría encontrarse en Postpoesía, si se piensa que su propia naturaleza fue lo que condicionó la recepción del discurso, aunque la polémica suscitada en torno a esa obra se debiera principalmente al carácter de algunos de los contenidos, que cuestionaban planteamientos y direcciones de interés asociados a la institución teórica y crítica española en relación a la escritura contemporánea nacional. No obstante, puede decirse que la mayoría de estas reacciones se debió a un error de apreciación en la lectura de la obra, que fue asumida como un ensayo en sentido estricto y no como un discurso también abierto a la escritura creativa. El problema, por tanto, radica en el interés, como vicio contemporáneo, por establecer etiquetas, estilos y categorías de pensamiento estancos en torno a obras que parecen situarse en los límites de esos mismos términos, aunque puedan ser tratadas como tal.

De hecho, y quizá para salvar este tipo de lecturas, en la obra se incluyen avisos y aclaraciones en esta dirección, dados los desplazamientos formales y estilísticos que se habrían incorporado al texto. Así lo indica el autor al comienzo de Postpoesía, cuando presenta su discurso como un texto alejado de la idea tradicional de ensayo, propia del viejo estilo, en tanto ejercicio que también puede ser creativo y frente al que resulta necesario adoptar otro tipo de postura. No obstante, este aspecto era habitual en otras obras del autor, donde además había resultado menos problemático, quizá por tratarse de contextos en los que la mixtura de discursos se recibe como algo dado por supuesto. Por eso es llamativo que estas reacciones tuvieran lugar en relación a Postpoesía y no cuando el autor operaba en otro tipo de contextos, por ejemplo, introduciendo teoría en la narración, o en distintas publicaciones de su blog; siendo quizá por una cuestión de predominancia. Hay que pensar, por otro lado, que buena parte de los contenidos de esta obra habían sido ya publicados en artíhambres, notas y apéndice de reediciones, por lo que no era algo relativo al contenido (o no únicamente), sino dirigido hacia el formato en el que se encontraba resuelto.

En este sentido, Postpoesía no es solamente un ensayo, pero tampoco una poética en el sentido estricto del término, sino la mostración de una particular actitud hacia el acto de creación y, cabe pensar, el diagnóstico de un cambio de sensibilidad estética, que no es exclusivo del autor, aunque aparezca muy ligado a algunas de sus publicaciones. De este modo, lo que se propone en Postpoesía es el regreso de la escritura a la actualidad, lo que puede parecer una boutade, pero no lo es, más la constatación de la pérdida de exclusividad de la palabra en el territorio de la creación literaria, y esto como consecuencia de lo anterior. Así lo pondrían de manifiesto las referencias incorporadas a la obra, que remiten a la ciencia y la tecnología (susceptibles de ser revisadas en términos poéticos), al cine, la arquitectura y el arte contemporáneo, o a partir de los distintos objetos de consumo que se contemplan, ahora como espacios a través de los cuales se podría llegar a resolver la tesitura translingüística (Bajtín) de la naturaleza poética.

Como sustrato discursivo, pero también teórico, Agustín Fernández Mallo alude a autores como Borges, Wittgenstein o Richard Rorty, de quienes habría asumido el “imperativo” pragmático como elemento y sustrato teórico en la escritura y, por tanto, también en Postpoesía. Según esto, todo sería susceptible de ser considerado objeto estético, material utilizable y poético en el territorio de la creación literaria; por lo que el autor estaría recuperando, a través de su discurso, la noción de una cultura del uso, asimilada como forma de artesanía (pero artesanía actualizada), así como la posibilidad de reactivar un concepto como el de “residuo” en relación a todo aquello que pasa a poder traducirse y reciclarse en otra cosa. Bajo estas consideraciones emergen ideas como las del DIY, la apropiación de formas o la reactivación de objetos obsolescentes, la sinergia de materiales, lenguajes y formatos de distinta naturaleza, así como la exploración de todo aquello que ya existe, pero desde una óptica diferente, movible. 
 
La poesía postpoética se presenta como un «método sin método», no como una doctrina. Más que de una nueva forma de escribir, se trata de poner en diálogo todos los elementos en juego, no sólo de la tradición poética sino de todo aquello a lo que alcanzan las sociedades desarrolladas […] En la poesía postpoética el creador es un artesano y al mismo tiempo un crítico (Fernández Mallo, Postpoesía 37).

Estas serían algunas de las coordenadas creativas que permiten apreciar la actitud de Agustín Fernández Mallo como creador, pero sobre todo el tipo de relación que establece con su entorno y los objetos próximos a él, incluyendo en este punto las distintas herencias y tradiciones culturales, respecto a las que se sitúa con neutralidad y asepsia (esto en la medida de lo posible), teniendo en cuenta la total disponibilidad de las mismas. Cabe pensar, por tanto, que de estos aspectos deriva la sinergia argumentativa y constructiva que opera en esta obra, del mismo modo que ocurre en el resto de sus publicaciones, a propósito de los distintos materiales que suele incorporar en ellas, pero no como anécdota, cruce de referencias o apósito explicativo, sino en calidad de textualidad igualmente legible. No obstante, esto es algo que guarda estrecha relación con su propia genealogía estética, intervenida por la herencia icónica del cine y los relatos audiovisuales, la publicidad o el diseño, así como por la propia incidencia de los recursos tecno-científicos y los efectos sociales que estarían ocasionando, como factores que condicionarían sus circunstancias de escritura.

Dicho con otras palabras, sería de este modo como el autor soluciona la tensión habitual entre forma y contenido en la escritura literaria, ahora como resultado de la mutación de los espacios de subjetivación estética y, por lo mismo, como consecuencia de un sentimiento de época y un entorno social que quedarían definidos bajo estas coordenadas (aunque no solamente). Por todo ello, un término importante a este respecto sería el de “indeterminación”, que aparece revisado en Postpoesía bajo la noción de “extrarradio”, clave a su vez para entender la naturaleza del texto, pero también la dirección discursiva del mismo.

Si hay algo que comparten las disciplinas que realmente pueden denominarse contemporáneas, es la indefinición a la hora de identificarlas, nombrarlas, estructurarlas y catalogarlas. Esas zonas indefinidas es lo que comúnmente llamamos extrarradios. Un concepto fundamental y progenitor en la evolución de las artes (Fernández Mallo, Postpoesía 93).

Como puede verse, a través de esta noción se llegaría a una redefinición de ciertos términos relacionados con la escritura literaria, al tratarse de un proceso de interrogación e investigación estética dirigido hacia nociones como la idea de objeto o emoción poética, así como en relación a términos como novela y poesía, en cuanto arquetipos literarios ya establecidos y definidos bajo unas coordenadas muy concretas. Se trata, por tanto, de proponer (y a su vez constatar) un cambio o actualización estética similar al que habría tenido lugar en otras disciplinas, no necesariamente artísticas, a partir de la performatividad de sus distintos presupuestos.
Como ejemplo, el autor menciona casos como los de Duchamp en relación al objeto artístico, Tony Smith o Richard Long en cuanto al land art, así como el de la artista Ester Partegàs por su particular reactivación del concepto de “basura-urbana”, que también sería visible en algunos momentos en la obra del autor. A este respecto, si se tiene en cuenta el tratamiento que reciben estas cuestiones en la obra, parece que es así como puede identificarse la idea de “extrarradio”, que sería entendido en estas páginas como un lugar de indeterminación e intervención artística o, si se prefiere, como frontera estética destinada a la reflexión, la modulación y la actuación creativa.

Sin embargo, si se acepta este discurso en cuanto tal, sería pertinente considerar la distancia que media entre el momento en que el autor comenzó a desarrollar esta idea (porque supondría la constatación de una visión concreta de extrarradio) y el momento en el que se publicó Postpoesía, dado que dichos criterios habrían sido definidos y explorados en relación a otro tipo de coordenadas socioculturales y estéticas. Si esto es relevante, es porque buena parte de la producción última del autor permitiría establecer un claro contrapunto en relación a este discurso, aunque no como negación del mismo, si no por el hecho de responder e inscribirse en una circunstancia diferente de escritura. Dicho de otra forma, mediante la comparación entre la teoría y las prácticas más recientes podría atisbarse un cambio de apreciación en relación a la idea de extrarradio, puesto que lo que aquí se establece como tal se habría desplazado, en los últimos años, hacia espacios de normalidad o centralidad perceptiva, esto es, creativa y estética.

Hay que pensar que este texto apareció publicado por Anagrama, y que las últimas publicaciones del autor formaban ya parte del catálogo de Alfaguara. Un aspecto, que lejos de significar algún tipo de regresión estética, supone un indicio claro del cambio de percepción en relación a estas cuestiones, ya absorbidas por el mainstream editorial. En este sentido, en Postpoesía se habla de indeterminación estética, manufactura y procesos DIY, pragmatismo o cuestiones relacionadas con el canon y la legitimidad de estos procesos, pero en un año como 2009 (y dado el background que aportaban los años previos), estos factores habrían cambiado su estatuto, pasando a formar parte incluso de lo normativo, convirtiéndose en modelo de creación. Dicho de otra forma, habrían pasado a convertirse no sólo en procedimientos legítimos y legitimados socialmente, sino en estrategia de pensamiento y mecanismo habitual de creación, a pesar de las reticencias y suspicacias respecto a ello. Se trataba, por tanto, de otro lugar de consideración que, por lo mismo, variaba el carácter de este tipo de juicios, pero sobre todo, el carácter de ese objeto de reflexión.
Puede decirse, entonces, que con esta obra se constataba la solvencia de un tipo concreto de escritura, basado en la construcción de genealogías estéticas singulares como resultado de una condición estética inédita, definida justamente por ser esos procedimientos, y no por el uso o la recurrencia textual de los mismos. Así, si se subraya la relevancia de una obra como ésta se debe a que su discurso habría dado cobertura y solución teórica a aspectos rara vez abordados por la academia y la crítica literaria; pero sobre todo por haber abordado esa tesitura en términos de normalidad y no bajo el parámetro de la novedad o la posibilidad (futura) de constituir una línea creativa.

Antes al contrario, Postpoesía realiza una tarea doblemente compleja, como es la de presentar y explorar una noción como la de extrarradio, y a su vez colocarla entre paréntesis mediante la confrontación de ese discurso con la experiencia de cotidianidad que resulta de todo ello. En otras palabras, Agustín Fernández Mallo ha elaborado en esta obra una elipsis conceptual que no se reduce a los detalles textuales o los ejemplos, sino a la formulación en clave postpoética que emerge de esa sinergia. Es decir, la confirmación de esta escritura como mecanismo de creación de actualidad y medio para una literatura siglo21.






17.5.11

[18] eppur si muove

REDACCIONES















Acaba de aparecer este libro colectivo, Redacciones (Caslon, 2011), en el que participo con un capítulo a propósito de la idea de literatura de las nuevas tecnologías que se ha perfilado también en este blog.

 

 Reproduzco el índice de contenidos:

-Mallas de protección. La codificación del yo en la Era Comunicativa [Ernesto Castro]

-Necesidades -en plural- ante una literatura de las nuevas tecnologías [Jara Calles]

-Nocilla Sessions [Miguel Espigado]

-¿De dónde ha salido toda esa gente? The Vampire in the Hole y Un hombre cae de un edificio.com como nueva forma de producir cine y literatura en red [Raúl Quirós]



Del prólogo a la obra se ha encargado Vicente Luis Mora,

Antes, todo esto era campo

[extractos]

Estamos en un momento histórico en el que pensar es más complicado que nunca. No solo porque contemplamos como ángeles de la Historia miles de años de pensamiento admirable a nuestras espaldas, sino porque cada vez es más complicado saber para qué (¿para quién?) pensamos. [...] Sin salir de este texto, Ernesto Castro describe la espectralización del yo contemporáneo, su parcial conversión en fantasma virtual (si bien un fantasma deseante), mientras Jara Calles recuerda al sujeto radicante de Bourriaud, caracterizado por oscilaciones y disociaciones. ¿Para revigorizar las prácticas artísticas? Pero si Miguel Espigado nos hará ver más adelante que carecemos de una terminología apropiada para ciertos fenómenos estéticos, y Raúl Quirós plasmará las terribles resistencias del mercado a los cambios...

[...] El trabajo de cada uno de estos ensayistas es muy diferente. Sus referencias también son distintas, no hay un solo autor citado por todos. Sería complicado buscar nexos de unión entre ellos, aunque creo encontrar uno. la preocupación por el concepto de reconocimiento.



Dejo también la web de la editorial

____ es un honor haber trabajado con todos ellos en este proyecto.